Diócesis de Duitama Sogamoso

Nra. Sra. de Monguí

Con el nombramiento de Fray José Camero de los Reyes, como guardián de la comunidad Franciscana en Monguí, se vio necesario construir un nuevo templo y un trono digno de aquella que se había convertido en la Reina de todos los habitantes de la región y que atraía peregrinos de muchos lugares de Colombia, de los llanos orientales  e incluso de Venezuela como lo atestiguan los archivos.  Para tal fin se encomendó al arquitecto Don Martín Polo caballero y bajo su guía se comenzó en el año de 1694 la construcción de la hoy hermosísima Basílica de Nuestra Señora de Monguí y del histórico convento de los franciscanos, que en palabras poéticas definiríamos como: “un bellísimo poema de piedra, de cal y de canto, un himno de alabanza al Santo de los santos”. La fama de la milagrosa imagen de la Santísima Virgen de Monguí continuó extendiéndose, y se convirtió en el consuelo de todos los habitantes del reino y por su intercesión se obraron numerosos milagros lo que contribuyó aun más al crecimiento de su devoción.


La imagen representa la huida a Egipto, y aparecen descansando las tres santas personas. La Virgen tiene al Niño Jesús entre sus brazos y su dulce mirada aparece inmersa en la mirada profunda de su Hijo, a su vez él parece reclamarle el alimento; San José aparece en un segundo plano, él vigila, observa y cuida a estos dos seres que Dios le había confiado. El significado que podemos descubrir es muy grande; en efecto, en un mundo como el que vivimos en el que reina el odio y la prepotencia humanas, en el que  se quiere desterrar el crucifijo, y todo tipo de manifestaciones de fe; en el que la familia cuenta con tantos enemigos que promueven su destrucción, la imagen de la Virgen de Monguí aparece como un llamado a la unidad familiar, a asumir cada uno nuestros roles de padre, de madre y de hijo, con fe, sabiendo que las dificultades no son más grandes que nuestra inteligencia, nuestra fe y confianza en Dios. Al tiempo podemos encontrar que en una sociedad que persigue a Dios y a la familia por ser su mejor imagen y semejanza, Jesús con María y San José huyen buscando un refugio, quizá está a  la puerta de nuestro corazón golpeando, esperando que alguno de nosotros le abramos para refugiarse  (Ap. 3, 20).


El amor que los fieles tenían por la bella imagen, llevo a que la misma fuese adornada con finas telas y filigranas de oro macizo, esmeraldas y muchas otras piedras preciosas lo que influyo para despertar la codicia del gobierno de la época quien despojó la imagen de sus tesoros, que recordemos eran sólo la manifestación del amor que los fieles profesaban por la milagrosa imagen, cada piedra preciosa suponía un milagro y cada milímetro de oro dejaba ver el agradecimiento por algún beneficio alcanzado por la intercesión de la Santísima Virgen. Lo cierto es que cuando el Libertador por decreto del 10 de julio de 1828 restableció los conventos suprimidos, devolvieron a los franciscanos el convento pero no las joyas que según documentos históricos, eran las de mayor valor en la región. 


Con ocasión de la coronación de la Virgen de Chiquinquirá en el año de 1919, quedó latente en la mente del Señor Obispo de Tunja Mons.  Eduardo Maldonado y de los fieles, la idea de coronar también a la Santísima Virgen de Monguí, entonces con el apoyo de todos los fieles se pidió la autorización a la Santa Sede, la cual fue concedida el 25 de abril de 1929, durante el pontificado de SS Pio XI.  El Excelentísimo Señor Obispo ordenó conducir con gran esplendor en peregrinación la bella imagen hasta Tunja para ser coronada como Reina, como en efecto se hizo el 8 de septiembre de 1929 con la presencia del señor presidente de la república Dr. Miguel Abadía Méndez quien fue el padrino de la coronación,  de dignísimos representantes del Congreso, del cuerpo diplomático, del Nuncio apostólico de Su Santidad, del clero y de una multitud incontable de fieles. Es de resaltar las Palabras de Mons. Maldonado, quien  cuando vio la imagen de la Virgen exclamó: “Salve Virgen de Monguí, mi vida, mi reina y mi consuelo”. Es curioso ver que para tal acontecimiento prácticamente se movió todo un país, y las manifestaciones de afecto desbordaron las expectativas, quiera Dios que la devoción a La Stma. Virgen de Monguí vuelva a florecer como en otrora. 


En el año de 1954 con ocasión de las bodas de plata de la Coronación, se llevó nuevamente la imagen hasta la ciudad de Tunja, recibiendo en cada una de las poblaciones por donde pasaba el homenaje de fe y gratitud de multitud de fieles y el 15 de agosto fue colocado el cetro a la imagen, confirmándola como emperatriz de estas tierras. En el año de 1955 con ocasión de la creación de la nueva Diócesis de Duitama – Sogamoso, viene nombrada la Virgen de Monguí como patrona de la Diócesis y más tarde el 4 de junio de 1966, SS. Paulo VI convierte el hermoso templo de Monguí en Basílica menor.  


Hace ya 452 años que esta imagen bendita de la Virgen, llego a esta cordilleras, estableció su trono y desde entonces no cesa de derramar bendiciones y gracias en todos aquellos que con fe acuden a su intercesión de buena madre; llegó en tiempos de la conquista y se ha convertido en la Virgen conquistadora, no de tierras, ni de riquezas efímeras,  sino de corazones, de voluntades, de amor; ella con su mirada llena de dulzura nos sigue mostrando a su Hijo Jesús y nos sigue invitando a hacer en nuestra vida lo que él nos ha enseñado (Jn. 2, 5). 


Con nostalgia miramos al pasado, vemos estos 452 años de fe, de devoción mariana, y suplicamos a nuestra buena Madre de Dios y Madre nuestra que nos inflame en su amor y que hoy como ayer sigamos difundiendo esta piedad, para que la Virgen de Monguí siga siendo la Reina de Boyacá, la Reina de nuestra Diócesis, la Reina de nuestras familias y la Reina de nuestros corazones.

P. Marco Antonio Merchán L.

La historia cuenta que hacia el año de 1555 llegaron los frailes franciscanos al valle de los Sanoas, y poco a poco lograron progresos en la Evangelización de este territorio tanto que ya en el 1557 o 58 pudieron llevar a los caciques de Sogamoso y de Monguí para que visitaran al rey Felipe II, y para ofrecerle dones propios de estas tierras.

El Rey en contraprestación por los dones, regaló dos imágenes, una de la Sagrada familia para Sogamoso y otra pequeña del milagroso San Martín de Tours para Monguí, cada una de las imágenes estaba destinada a ser patrona de las respectivas parroquias y venían muy bien empacadas y rotuladas para evitar cualquier confusión. Lo curioso es que al abrir los paquetes resultaron cambiadas las imágenes, ante la protesta de los sogamoseños se reconoce el error, se hace el intercambio pero con sorpresa al día siguiente resulta el cuadro de la Virgen en Monguí, mientras que  San Martín en Sogamoso; el hecho se repite varias veces sin explicación lógica por lo que a final se acepta el cambio como voluntad de Dios, que siempre con amor y con humor divinos se sirve de prodigios y signos para confundir el orgullo y la prepotencia humanas.


Desde entonces esta tradición vive en el corazón de los habitantes de Monguí que han hecho de la hermosa imagen su tesoro más preciado. Desde aquel momento  estuvo la comunidad franciscana en Monguí y se construyó un templo destinado a honrar la piadosa imagen de la Santísima Virgen, el templo con el pasar de los años se fue deteriorando. Desde 1585 estaba prohibido para los religiosos la administración de los curatos se imploró entonces de la corona española la gracia de la fundación,  posesión y administración del convento por parte de los franciscanos; esta iniciativa estuvo avalada por el cabildo y las autoridades de Tunja y santa Fe apoyados en la fama que la milagrosa imagen tenía y después de cumplir con todos los requisitos que la corona exigía, se concedió la conversión de la casa cural de Monguí en convento el 22 de octubre de 1702.

Patrona de la Diócesis